¿Qué es la fibromialgia?
La fibromialgia es una alteración en la forma en que el sistema nervioso central percibe y procesa el dolor.
Para explicarlo de una manera sencilla, el problema principal no se encuentra necesariamente en cada músculo o articulación que duele. Se encuentra en la computadora que recibe, interpreta y amplifica las señales.
El cerebro puede interpretar estímulos normales como dolorosos y puede amplificar señales que, en otra persona, producirían una molestia mucho menor.
El dolor es real aunque los exámenes sean normales
Una persona puede presentar dolor intenso y generalizado aunque los exámenes de laboratorio, las radiografías y otros estudios resulten normales.
Eso no significa que el dolor sea inventado. Significa que el problema no se encuentra necesariamente en una lesión visible de los tejidos, sino en la forma en que el sistema nervioso procesa la información.
La fibromialgia no destruye las articulaciones, pero puede alterar profundamente el sueño, la energía, la concentración, la actividad y la calidad de vida.
El diagnóstico no se realiza con un examen
No existe un examen de sangre, una radiografía o una resonancia que por sí sola diagnostique fibromialgia.
El diagnóstico es clínico y exige escuchar al paciente, examinarlo y determinar si existe otra enfermedad que explique mejor los síntomas.
Los estudios y diagnósticos previos pueden aportar información importante para reconstruir la historia y descartar otras causas.
Los criterios clasifican; no diagnostican
Con frecuencia se utilizan cuestionarios y listas de criterios como si fueran pruebas diagnósticas.
En realidad, se trata principalmente de criterios de clasificación. Fueron creados para ordenar grupos de pacientes, especialmente en investigación, y no para sustituir el juicio clínico.
Una persona no debe recibir automáticamente el diagnóstico de fibromialgia simplemente porque completó un cuestionario o alcanzó determinada puntuación.
Puede coexistir con otras enfermedades
Tener fibromialgia no impide tener otra enfermedad.
Una persona puede presentar fibromialgia y, al mismo tiempo, lupus, artritis reumatoide u otra enfermedad reumatológica. A esto se le puede llamar una superposición.
Este punto es fundamental porque no todo el dolor de una persona con lupus o artritis reumatoide se debe necesariamente a inflamación. Parte de los síntomas puede proceder de la enfermedad inflamatoria y otra parte de una alteración en la percepción del dolor.
Si no se diferencia correctamente el origen de los síntomas, se corre el riesgo de aumentar medicamentos para lupus o artritis cuando la inflamación ya está controlada y el dolor proviene de la fibromialgia.
También puede ocurrir lo contrario: atribuir todos los síntomas a fibromialgia y no reconocer una enfermedad inflamatoria verdadera.
El diagnóstico puede ser complejo
La fibromialgia no siempre es un diagnóstico sencillo.
Antes de llegar a esa conclusión debemos valorar si existe alguna enfermedad inflamatoria, endocrina, neurológica, muscular o de otro tipo que explique mejor los síntomas.
Para mí, lo importante no es colocarle rápidamente un nombre al dolor. Lo importante es comprender qué tiene realmente la persona y encontrar la mejor manera de ayudarla.
Si después de una valoración cuidadosa considero que no se trata de fibromialgia, debo continuar buscando la verdadera causa de los síntomas.
Una observación clínica sobre hombres y mujeres
En mi experiencia, la fibromialgia se presenta casi exclusivamente en mujeres.
Durante muchos años de práctica recuerdo únicamente tres pacientes hombres en quienes se consideró este diagnóstico: uno era un niño y los otros dos eran adultos con problemas psicológicos severos. En esos casos siempre quedó la duda de cuánto correspondía realmente a fibromialgia y cuánto podía relacionarse con somatización.
Esta es una observación derivada de mi experiencia clínica. No la utilizo para negar automáticamente los síntomas de un hombre, pero sí me obliga a ser especialmente cuidadoso antes de establecer el diagnóstico.
Si un hombre presenta dolor generalizado, para mí es indispensable buscar con profundidad otras posibles explicaciones.
Edad habitual de aparición
La fibromialgia suele comenzar en mujeres jóvenes.
Cuando una persona desarrolla por primera vez síntomas semejantes después de los 50 años, el diagnóstico debe analizarse con especial cautela. El inicio tardío es poco habitual y, a esas edades, existen enfermedades inflamatorias y otros padecimientos que pueden confundirse con fibromialgia.
No debe asumirse que todo dolor generalizado con exámenes inicialmente normales corresponde a esta enfermedad.
Factores que pueden dificultar el pronóstico
El pronóstico no depende únicamente de la intensidad del dolor.
En mi experiencia, la evolución suele ser más difícil cuando existen trastornos importantes de la personalidad, depresión, ansiedad o problemas psicológicos severos.
También resulta especialmente complicado cuando la persona no tolera los medicamentos. Algunos pacientes presentan efectos adversos con prácticamente todo lo que reciben, incluso con dosis muy pequeñas. Esto limita las opciones y vuelve mucho más difícil obtener una mejoría sostenida.
Reconocer estos factores no significa culpar al paciente. Significa entender por qué algunas personas mejoran con relativa facilidad y otras requieren un manejo mucho más complejo.
El ejercicio y la educación son necesarios, pero pueden no ser suficientes
El ejercicio es una parte fundamental del tratamiento. También lo es comprender qué está ocurriendo y abandonar la idea de que cada episodio de dolor representa una nueva lesión.
Sin embargo, en mi experiencia, decirle a una persona que haga ejercicio, duerma mejor y aprenda sobre la enfermedad suele ser insuficiente cuando se utiliza como única estrategia.
Muchas personas necesitan también tratamiento farmacológico para disminuir la amplificación del dolor y poder comenzar a dormir, moverse y funcionar mejor.
El ejercicio es necesario, pero una persona con dolor intenso difícilmente podrá iniciarlo o mantenerlo si primero no conseguimos algún grado de control de sus síntomas.
El tratamiento debe adaptarse a cada persona
No todos los pacientes responden al mismo medicamento ni requieren el mismo manejo.
El tratamiento puede necesitar una combinación de educación, ejercicio progresivo, mejoría del sueño, apoyo psicológico o psiquiátrico cuando corresponda y medicamentos dirigidos a modificar la percepción del dolor.
El propósito no es hacer desaparecer toda sensación corporal. Es reducir el dolor hasta un nivel que permita recuperar actividad, sueño y calidad de vida.
La participación de Psiquiatría
Referir a una persona a Psiquiatría no significa que sus síntomas sean falsos ni que el médico quiera deshacerse de ella.
Si durante la valoración encuentro un trastorno que se beneficiaría completamente del manejo psiquiátrico, hago la referencia y puedo darle de alta de mi consulta.
Si la persona necesita simultáneamente atención reumatológica y psiquiátrica, entonces podemos trabajar de manera conjunta.
No se trata de acaparar pacientes ni de mantenerlos indefinidamente bajo el cuidado de un reumatólogo. Se trata de reconocer quién es el profesional que puede ayudar mejor en cada momento.
A mí no me interesa si finalmente el diagnóstico es fibromialgia, lupus, artritis, depresión o cualquier otra enfermedad. Me interesa identificar qué está ocurriendo y encontrar la forma más adecuada de ayudar.